Por: Olga Liliana Ríos T. El periodista colombiano que informa en medio del conflicto vive entre dos dilemas: ser esclavo del medio de comunicación para el que trabaja o ser el héroe de la ciudadanía. En lo anterior entonces ¿dónde queda ser héroe para sí mismo? Es decir, ¿en qué momento la vida toma valor por encima del sueldo?
La vida en sí misma posee el valor supremo, por encima de los intereses gubernamentales, mediáticos, gremiales, etc. El periodista informa, da a conocer a la comunidad un hecho de interés general, su responsabilidad es no quedarse callado, pero más allá no puede esperar a que la justicia o de su país haga lo suyo.
La responsabilidad y pasión del periodista debe tener prioridades: en primer lugar la persona, seguido por la familia, y después el trabajo. Si este orden de preferencias se alteran, el periodista deja de ser profesional e integral y termina por convertirse en un incendiario, egoísta e imprudente, el cual sólo busca protagonismo a cuenta de poner en riesgo su propia vida y las de sus seres más allegados.
La vida en sí misma posee el valor supremo, por encima de los intereses gubernamentales, mediáticos, gremiales, etc. El periodista informa, da a conocer a la comunidad un hecho de interés general, su responsabilidad es no quedarse callado, pero más allá no puede esperar a que la justicia o de su país haga lo suyo.
La responsabilidad y pasión del periodista debe tener prioridades: en primer lugar la persona, seguido por la familia, y después el trabajo. Si este orden de preferencias se alteran, el periodista deja de ser profesional e integral y termina por convertirse en un incendiario, egoísta e imprudente, el cual sólo busca protagonismo a cuenta de poner en riesgo su propia vida y las de sus seres más allegados.

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